Luis Barragán, un anillo y una gran polémica

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Especial

 

Son 525 gramos de las cenizas de Luis Barragán, el arquitecto más importante de la historia moderna de México, los que forman ahora un diamante que está engarzado en un aro plateado, a modo del clásico anillo de compromiso de los anuncios de Tiffany’s, no por nada se llama The Proposal (La propuesta).

Pero la artista estadounidense Jill Magid, quien realizó la obra, no la creó para pedir a alguien en matrimonio, sino para tratar de lograr que el archivo profesional del único mexicano en lograr el Priztker -considerado el Premio Nobel de la disciplina-, regrese a su país de origen.

Las hermanas Phoebe y Annette Stepehns dieron un giro a sus vidas para fundar, hace siete años, una firma de joyería mexicana que hoy es centro de polémica: Anndra Neen; pero, hoy por hoy,  en México es la joya de la discordia.

Expuesta hasta octubre en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC, el museo de la UNAM), ha hecho que varios sectores de la sociedad pongan el grito en el cielo y cuestionen los límites del arte, la gestión del patrimonio y el papel de los organismos públicos en ello.

 

El legado

Barragán dejó una serie de edificios reconocibles por sus líneas depuradas, su sobriedad, los colores brillantes y el juego de luces y sombras, y que siguen siendo referentes para los arquitectos actuales.

Y también dejó en herencia su biblioteca personal, que desde 1990 atesora la Fundación Tapatía Casa Barragán, y su planos, maquetas y demás documentos, su acervo profesional.

Éste lo terminaron adquiriendo en 1995 Rolf Fehlbaum, el jefe de la empresa suiza de muebles de diseño Vitra, y su entonces novia, Federica Zanco, una historiadora italiana de la arquitectura y coleccionista.

Desde entonces la obra del arquitecto está en la Barragan Foundation, en un espacio ubicado bajo la sede de Vitra en Basilea, Suiza, custodiado por la propia Zanco.

 

El diamante

“Todo comenzó cuando visité la Casa Barragán y me enamoré del arquitecto”, contó la artista en el coloquio Obra, fetiche y ley, llevado a cabo  en la UNAM justo antes de inaugurarse la exposición, que lleva por nombre Jill Magid: “una carta siempre llega a su destino”. Los archivos Barragán.

“Empecé a hacer preguntas, a interesarme por el estado actual de su archivo. Y mientras la Casa Barragán me dio permiso para consultar el suyo, la Fundación en Basilea me lo negó“, recordó.

Jill Magid se enamoró de la obra de Luis Barragán y de los colores de sus edificios, y con el afán de indagar más sobre el arquitecto, dijo que se reunió con 18 miembros de la familia Barragán, quienes le dieron en beneplácito, para llevar a cabo su plan, convertir parte de las cenizas del artista en un diamante.

Y así, con la venia de éstos y las autoridades de Jalisco, en septiembre de 2015 se plantó en Guadalajara, la capital del estado, en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.

Jill Magid hizo exhumar los restos de Barragán de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, de Guadalajara, México, de allí sacaron la urna que contenía las cenizas de Barragán y la artista metió en una bolsa una cuarta parte, que luego se llevaría a Nueva York.

A los seis meses, una empresa especializada en ello habría convertido los restos en el polémico diamante, y tras hacerlo montar en un anillo, Magid viajaría con él a Suiza, a reunirse con Zanco.

Sentada frente a ella en la cafetería de la sede de Vitra, colocó sobre la mesa la cajita con el anillo y le hizo la proposición.

“Si lo aceptas, tendrás que devolver el archivo a México”, le dijo. Es una forma distinta de entender los legados”.

La coleccionista no aceptó, y según detalló la revista estadounidense The New Yorker en agosto pasado, le respondió después por correo:

“Has convertido una especulación en arte y por el camino has hecho de mí un personaje de ficción. Así que en realidad soy irrelevante para tu proyecto. No me necesitas. Con tu imaginación te basta”.

 

¿”Audacia estética” u “oportunismo comercial”?

La coleccionista no fue la única en reaccionar así. Todo un sector de la sociedad en México ardió en cólera ante la propuesta.

“Llama a escándalo que el archivo no haya permanecido en México y que no pueda ser libremente consultado por los estudiosos”, escribía así Luis Villoro en agosto de 2016 en un artículo publicado en la página web del Colegio Nacional.

“Aun así, la idea de convertir a Barragán en un diamante para tratar de recuperarlo parece digna de un museo del horror“, concluía.

Y Víctor Jiménez, el exdirector de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, calificó el trabajo de Magid de “descabellado”.

“Tocó un símbolo cultural importante, lo desarmó y lo hizo con complicidades, y eso no nos gustó”, opinó por su parte Enrique X. de Anda, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, durante la conversación que se llevó a cabo en esa universidad.

Unas 73 personas -entre ellas los escritores Juan Villoro y Elena Poniatowska, y el arquitecto Miquel Adriá- firmaron una carta en la que pideron a las autoridades que investigaran el proceso de exhumación.

Ahora, el objetivo final de éstos es convertir el anillo en polvo y reintegrar los restos al lugar en el que ahora luce un caballo de plata.

 

NOTA DE SIDE

Cabeza: “Toda arquitectura que no exprese serenidad, no cumple con su misión espiritual”  Luis Barragán

Nació el 9 de marzo de 1902 en Guadalajara.

Cursó estudios de ingeniería civil y arquitectura en 1925 y posteriormente viajó por Europa.

Conoce a Ferdinand Bac y se interesa por la arquitectura andaluza, los espacios de tradición árabe y los jardines mediterráneos.

Regresa a México y realiza sus primeras obras como las casas González Lima y Enrique Aguilar en Guadalajara, en las que comienza a desarrollar un estilo propio.

Se traslada a la capital en 1936 y hasta 1940 realiza algunos edificios de apartamentos en la colonia Cuauhtémoc y algunas pequeñas residencias. En el año 1945 desarrolla el proyecto de planificación y urbanización del Pedregal de San Ángel.

Entre 1952 y 1955 reconstruye el convento de las Capuchinas Sacramentarias de Tlalpan, al que añade una capilla. Emprende en 1957 las obras del fraccionamiento Ciudad Satélite, cuyo símbolo -las cinco torres- es fruto de la colaboración de Barragán, Mathias Goeritz y Chucho Reyes. Diseñó el fraccionamiento Las Arboledas, en el Estado de México.

En 1964 proyecta con el arquitecto Sordo Madaleno el conjunto habitacional Lomas Verdes y lleva a cabo el diseño del fraccionamiento residencial Los Clubes.

En 1980 recibe el premio Pritzker de Arquitectura y comienza a ser reconocido a escala internacional. Sus edificios y proyectos arquitectónicos y paisajísticos ponen de manifiesto su talento para fusionar los métodos tradicionales de construcción con el lenguaje de la modernidad.

Es considerado el arquitecto mexicano más importante y una de las figuras más destacadas dentro del ámbito de la arquitectura internacional del siglo XX.

Luis Barragán falleció el 22 de noviembre de 1988 en México, D. F.

 

 

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